¡Libros para celebrar!

Hoy, 23 de abril, en Cultura para llevar nos unimos a la celebración del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor y para honrar este día invitamos a nueve amigos a que compartieran con nuestros lectores tres libros venezolanos para celebrar el Día del Libro.

Entre sus recomendaciones encontramos clásicos venezolanos como las obras de Miguel Otero Silva, Hanni Ossott y Mario Briceño Iragorry, junto a las historias de nuevos creadores, entre ellos, Héctor Torres, Juan Carlos Méndez Guédez y Norberto Olivar.

Esta variedad literaria nos brinda la oportunidad de festejar a lo grande este día. Les dejo con las recomendaciones de Néstor Llabanero, QuéLeer? Rodnei Casares, Linsabel Noguera, Lenin Pérez Pérez, Omira Bellizzio Poyer, Joshua Dos Santos, Lennis Rojas y Luis Yslas.

«¿Con qué tres libros venezolanos celebraras el Día del Libro? Y ¿Por qué?».

 
Néstor Llabanero, periodista de la revista Estampa.

Yo disfruto en general la obra de Miguel Otero Silva. Y de este autor rescato especialmente Casas Muertas (1955). Me parece que Otero Silva se muestra completamente sensorial en las descripciones, lo cual es un valor que no siempre consigo en los escritores vernáculos.

No olvido, jamás, a Rómulo Gallegos en Sobre la misma tierra (1943). Este autor permite sentir la aridez del suelo guajiro, y el autor ofrece un encantamiento narrativo cuando hace renacer a una wayúu (Remota Montiel de los Montieles) de la pobreza en que nace, y de cómo se escapa de su destino, como si ese destino haya sido su salvación pero no la de Venezuela. A mí me resulta supremamente interesante.

También agrego el libro Pasillo de por medio (1994), escrito por Salvador Garmendia, en cuyo texto va relatando las vivencias con su vecina de piso, la periodista Miyó Vestrini, ambos ya muertos. Es de esas lecturas que se sienten, como lector, que han sido escritas con todo el romanticismo de las primeras edades narrativas.

QuéLeer? , lectores caseros.

Nosotros celebramos con El round del olvido de Eduardo Liendo (2009), preciosa novela que página a página te hace creer y sentir la verdadera esencia del amor, la amistad, la lealtad, la esperanza; y que lo que uno se propone lo puede lograr con empeño y dedicación.

Las peripecias inéditas de Teofilus Jones de Fedosy Santaella (2009), nos hace saber lo que una persona puede llegar hacer por tener poder. La novela de Santaella con inteligente humor nos hace reflexionar sobre la situación por la que estamos pasando.

Y Blue Label/Etiqueta Azul de Eduardo Sánchez Rugeles (2010). Esta novela ganadora del Premio Ibeoramericano de Novela Arturo Uslar Pietri 2010 nos muestra la cara agridulce de la juventud venezolana, de la mano de Eugenia Blanc hacemos un recorrido por las múltiples emociones que un adolescente puede llegar a sentir: rabia, dolor, orgullo, pero también amor, felicidad y entrega. Blue Label/Etiqueta Azul es una excelente opción para conocer la pluma de los nuevos escritores venezolanos.

Rodnei Casares, librero de la Librería Alejandría II.

Celebro con De la urbe para el orbe, recopilado por Ana Teresa Torres y Hector Torres, (2006). Este libro recoge una muestra de la mejor literatura contemporánea venezolana, recopilada a partir de las lecturas de la Primera Semana de la Nueva Narrativa Urbana, autores como Roberto Echeto, Rodrigo Blanco Calderon, Krina Ber, Enza Garcia entre otros, le dan a esta obra gran importancia para entender el panorama actual de nuestras letras.

Un vampiro en Maracaibo de Norberto Olivar editado por (2008), es una novela con un toque policial, un humor muy inteligente y escrita muy bien, galardonada con el Premio de la Crítica.

Y La otra isla de Francisco Suniaga (2006), un libro que se convirtió en un fenómeno del boca a boca, una historia muy sabrosa que te atrapa del principio al fin, ya con nueve ediciones es un verdadero Bestseller.

Linsabel Noguera, cuentacuentos y directora de La rana encantada  

Con los lectores adultos celebro leyendo Hanni Ossott, obras completas, (2008). Hanni es una poeta de calibre universal, sensible, apasionada, visionaria, precisa en la palabra, grata en la musicalidad. Es un acierto reunir sus obras completas.

Para los lectores más jóvenes El libro de Esther, Juan Carlos Méndez Guédez, (2011). Una lectura que apasiona, que te mantiene interesado en la trama, deseando que el libro siga. Excelente manejo de la tensión narrativa y personajes construidos con verdad. Una gran recomendación para mantener y captar nuevos lectores entre los jóvenes.

Y para celebrar con los niños Chamario, Eduardo Polo (Eugenio Montejo), (2004). El juego con las palabras, la estructura y la musicalidad del idioma dejan en los poemas de Chamario la posibilidad infinita de gozo que ofrece la poesía. Rupturas fonéticas, acentos trastocados, inversiones grafológicas y un cierto toque de irreverencia conviven con rimas clásicas que enaltecen el quehacer poético del genial colígrafo Eduardo Polo. Un libro para disfrutar a cualquier edad y, sobre todo, para compartir con placer con nuestros niños.

Lenin Pérez Pérez, vp creativo de Eliaschev Publicidad.

Mis recomendaciones para este día van asociadas a la siguiente clasificación: un libro que heredé, uno de lectura obligatoria en el liceo, y un libro que perseguí por librerías y remates caraqueños, hasta felizmente encontrarlo por obra y gracia de Israel Centeno, su segundo editor.

El orden de presentación es cronológico, que no su lectura. Piedra de Mar (1968), de Francisco Massiani; Historias de la calle Lincoln (1971), de Carlos Noguera; y Cerrícolas (2004) de Ángel Gustavo Infante.

Omira Bellizzio Poyer, escritora y promotora cultural.

Celebro el Día del Libro con Ifigenia (1924), novela de la insigne primera escritora venezolana  Teresa de la Parra, quien nos sumerge en un aura de intimidad, cuya esencia relata una historia mínima y personal:  las vivencias de la Señorita María Eugenia Alonso. Personaje soñador, libre, inteligente, audaz y con un gusto muy refinado, que nos hará vivir intensamente sus emociones, haciendo al lector partícipe y cómplice de su intimidad, esa que se alcanza por la manera epistolar que Teresa de la Parra nos presenta su novela, haciéndonos confidentes de su mundo, a través de la carta y del diario en el que se refugia el personaje principal.

Calletania (1991), novela de Israel Centeno, que si bien se sitúa en Catia, barriada caraqueña, puede evocar algún barrio de Latinoamérica, donde habitan hombres, mujeres, niños y niñas, producto de una descomposición social, económica y política tercermundista, cercados ante un porvenir cuya calidad de vida no penetra, pero se filtran miserias y desasosiegos que agrietan la sociedad y sucumben su  base. Una realidad que sigue imperando en pleno siglo XXI, aunque Calletania evidencie una narración que aconteció en los años 80.

Mensaje sin Destino (1951), de Mario Briceño Iragorry, es un libro para entendernos, para crecer como hombres y mujeres de este tiempo, aunque suene paradójico. En su  propio tiempo Briceño Iragorry, reconoció la falta de rectitud de nuestros gobernantes, palpó la codicia política de los gobiernos de Gómez y de Pérez Jiménez, a través de sus ensayos sentó las bases  para rescatar los valores y principios que debemos tener para forjarnos y vivir nuestra propia cultura ciudadana, Un mensaje sin destino es un libro para internalizar, que nos invita a reflexionar y a cambiar de una buena vez y por todas nuestra historia actual.

Joshua Dos Santos, director de Orquestas Sinfónicas.

Celebro con tres libros que me han marcado como lector. El mago de la cara de vidrio (1973), de Eduardo Liendo definió una etapa importante en mi vida. Y su mensaje es una lección para la sociedad venezolana.

La Huella del Bisonte (2008), de Héctor Torres. Es uno de los pocos libros que, en una sociedad machista, valora y pone a la mujer en un lugar especial.

Cuentos Grotescos (1976), de José Rafael Pocaterra. Es lectura obligada. La obra plasma la realidad de lo que es nuestro país y de los que somos como venezolanos.

Lennis Rojas, coordinadora de Ficción Breve Venezolana y librera de la Librería Kalathos.

Celebro este día con tres libros que considero fundamentales. Compañero de viaje, Orlando Araujo. Cuando lo leí me impresionó esa facilidad de transmitir las atmósferas que describe. Tiene la capacidad de dar a lo cotidiano un toque surrealista, como en los cuentos de Felisberto Hernández. Mi cuento favorito de ese libro es La yunta Borracha. Me marcó muchísimo, las cosas que escribía por ese tiempo estaban muy influenciadas por Compañero de viaje, quería lograr esa mirada limpia sobre lo cotidiano.

Si yo fuera Pedro Infante (1989), Eduardo Liendo. Un hombre que no puede dormir por una corneta de un carro que suena a media noche descubre que es un “hijo” del cine mexicano y que en su imaginario héroe es igual a Pedro Infante y a partir de allí traza una divertida y nostálgica línea en el recuerdo de una época, de una Caracas que desapareció hace años. Particularmente crecí viendo cine mexicano y disfruté muchísimo con este libro, que me recuerda las tardes de Pedro Infante con mi abuelo.

El borrador (1996), Federico Vegas. Un libro de cuentos maravilloso! El borrador fue un gran descubrimiento, fue lo primero que leí de este autor y fue lo que me movió a seguir buscando en su obra. Son cuentos impecables, entre divertidos y tiernos. Con ese tono mágico de lo oral que tiene Federico Vegas para contar. 

Luis Yslas, director de ReLectura y editor de Lugar Común Cooperativa Editorial.

Celebro con un poemario, una crónica y una novela. Los cuadernos del destierro (1960), de Rafael Cadenas. Por ser una de las obras fundamentales de la poesía en lengua española del siglo XX que reinterpreta la tradición poética venezolana a la vez que se proyecta como una mirada lírica del ser y del acontecer nacional. Un libro que es referencia indiscutible del quehacer literario nacional y cuyo autor es uno de los escritores venezolanos más reconocidos en el ámbito mundial.

El mundo según Cabrujas (2009), edición a cargo de Yoyiana Ahumada. Un libro que recoge una muestra representativa de la escritura aguda, sensible y francotiradora de quien ha sido, sin duda, uno de los escritores que con mayor lucidez nos ha retratado sin contemplaciones. Es una radiografía, en clave de humor, del ser venezolano, y que pone de manifiesto el fracaso que hemos sido como nación durante el siglo XX. Una obra que es crítica y espejo costumbrista de lo que aparentamos ser; de lo que somos realmente como sociedad.

El libro de Esther (2011), de Juan Carlos Méndez Guédez. Una novela que es una historia de amor, un viaje a la adolescencia perdida y un homenaje a la lectura. Un tres en uno que narra la historia de un hombre que decida enmendar su destino y reencontrarse con el amor de su juventud. Una escritura cargada de ternura, humor y desparpajo con cuyo estilo cualquier tipo de lector se sentirá identificado. Y es al mismo tiempo un tributo a la lectura como forma de encuentro de seducción, y de memoria sentimental.